Cuando innovar es retornar a la esencia.
Por The Cocktail
Hay un gran oportunidad de innovar en el regreso a la esencia de un negocio. La marca no es un logo y ha dejado de ser una promesa. Es una experiencia, una historia. Es la historia que nuestros clientes cuentan a familiares, amigos y conocidos. Si la historia no es positiva, ese logo que algunos denominan marca, sólo evocará emociones negativas. Esa historia hay que trabajarla diferenciando entre lo que es clave y lo anecdótico.
Durante los últimos años, la innovación se ha identificado con acciones superficiales que nos distraían de nuestra raison d'être. Desde adoptar las últimas tecnologías y dispositivos hasta las campañas más creativas amplificadas a través de redes sociales. Se ha identificado innovación con lo cosmético, con copiar el valor creado por otros en una huida hacia adelante en vez de ofrecer nuevas propuestas o refundar la que ha sido siempre nuestra razón de existir y con el día a día se ha olvidado.
Lo que se innova debe ser importante para la gente. El primer paso es detenerse, mirar y preguntarse honestamente ¿Qué está roto? ¿Cómo causamos frustración a nuestros clientes? Es necesario detenerse a reflexionar sobre qué es la "innovación relevante" para el cliente.
Otros, como compañías Low Cost, inmobiliarias como Idealista.com o empresas de distribución como Mercadona, ya lo hacen. En ellas, no sólo se habla de precio, sino de la simplicidad de la experiencia. El caso de Mercadona es llamativo, sin publicidad, sin acudir a lo que identificamos como innovador, sin campañas de comunicación ha creado una gran historia, sencilla y comunicable donde se ha comenzado por precio y calidad y se ha hecho del reducido catálogo de referencias una fortaleza que ha transformado en debilidad el volumen de oferta de las grandes distribuidoras, incluso haciendo partícipe al cliente de la expansión del mensaje: "a menos referencias, menos tentaciones, menos tiempo para comprar y más ahorro". ¿No es esto innovación? ¿No es una buena historia?
Hay que dejar de lado, aunque sea por un momento, todas esas capas de complejidad añadida que tapan la esencia del negocio. Complejidad que se traduce en sobrecostes, letra pequeña, confusiones y una necesidad creciente de marketing correctivo que busca alterar la percepción del cliente. Hay que volver a la raíz. Solucionar lo que está roto, buscar nuevas posibilidades dentro de nosotros mismos y no en un pulso obsesivo con los competidores. Diferenciarnos sacando nuestra mejor cara.
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